
Mesa auxiliar de cerezo con pie torneado y tapa redonda. Pequeña, ligera y pensada para vivir junto a un sillón de lectura.
Este velador nació de un resto: la última tabla buena de un cerezo que había dado ya una cómoda entera. Era demasiado hermosa para la caja de recortes, con ese rosado que el cerezo tiene de joven y que con los años se vuelve miel oscura. Un velador era el destino natural: poca madera, mucho uso.
Un velador solo sostiene un café y, sin embargo, sostiene la pausa entera.
El pie lo torneé en una tarde, buscando una curva sencilla, sin molduras que se llenen de polvo. En el torno mandan los gramos: dos milímetros de más en el cuello y la pieza parece un bolo; dos de menos y no inspira confianza. Paré cuando el perfil se sostenía solo a la vista. La tapa va unida con lengüeta cruzada, para que pueda hincharse y menguar sin protestar.

Lo acabé con jabón nórdico, que deja el cerezo al natural, mate y sedoso al tacto. Está pensado para lo pequeño e imprescindible: la taza, el libro abierto boca abajo, las gafas al final del día. Con los años, la luz irá oscureciendo el cerezo y el velador contará cuánto se ha leído a su lado.
La veta, los ensambles y los rincones que solo se ven de cerca — pulsa en una foto para ampliarla.
Cada una con su propia historia — sigue explorando la colección