
Mesa de centro de nogal con tapa de una sola pieza, grieta natural cosida con mariposas de olivo. La pieza más honesta que ha salido del taller.
La plancha de nogal de esta mesa de centro estuvo dos años apoyada en la pared del taller porque tenía una grieta que la atravesaba media tapa. Cada vez que alguien la veía me decía que la cortara en trozos pequeños. Yo la miraba y veía lo contrario: una tapa de una sola pieza con una historia escrita encima. Al final ganó la plancha.
La grieta no era un defecto: era la biografía del árbol.
En vez de esconder la grieta, la cosí con cinco mariposas de olivo embutidas a formón, cada una orientada contra el sentido de la fibra para que trabajen de verdad. El contraste del olivo dorado sobre el nogal oscuro quedó tan natural que parece que el árbol lo hubiera pedido. Fue un día entero de trabajo lento, marcando, vaciando y ajustando a golpe suave de maza.

Las patas son un caballete bajo de nogal, retranqueado para que la tapa parezca flotar y los pies tengan sitio. La acabé con aceite de tung puro, mano tras mano durante una semana, hasta que la veta cogió esa profundidad húmeda que no da ningún barniz. Es una mesa para libros, cafés y pies descalzos encima; para el centro exacto de la vida de un salón.
La veta, los ensambles y los rincones que solo se ven de cerca — pulsa en una foto para ampliarla.
Cada una con su propia historia — sigue explorando la colección